La relación entre el estrés o emociones negativas y el dolor es un fenómeno que no siempre es fácil de entender. En la última década, la investigación sobre el dolor en todos sus aspectos nos ha enseñado muchos conocimientos nuevos. Sin embargo, todavía necesitamos muchas respuestas.
Incluso entre los principales expertos del mundo suele haber desacuerdo sobre qué es exactamente el dolor, su finalidad, qué lo causa, etc.
La definición oficial del dolor es la siguiente: «Experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a un daño tisular real o potencial, o que se asemeja a éste».
La definición ya deja claro que el dolor tiene diferentes aspectos. La palabra «sensorial» se refiere a una sensación física. La palabra «emocional» se refiere a un determinado estado de ánimo que se asocia al dolor. Además, la definición establece que el dolor puede sentirse en caso de daño real en el cuerpo, por ejemplo, un desgarro muscular, o como resultado de un estímulo que podría causar daño en los tejidos, por ejemplo, si se pone la mano sobre una vela, dolerá antes de quemarte.
El dolor no es tan sencillo como pensamos durante mucho tiempo. Obviamente, en algunos casos lo es. Si te golpeas el dedo del pie contra la puerta, te dolerá. Pero a veces las personas experimentan dolor sin una razón clara o como resultado de un estímulo que normalmente no causaría dolor, como un movimiento normal o una ligera presión.
¿Cómo ocurre esto?
Si comparamos nuestro «sistema del dolor» con un sistema de alarma, podríamos decir que diversos factores pueden hacer que nuestro sistema de alarma sea demasiado sensible, de modo que se dispara sin motivo. Da una respuesta exagerada debido a un mal funcionamiento.
Esto puede ocurrir a nivel de los sensores (terminaciones nerviosas de todo el cuerpo), de la central de procesamiento (cerebro) o del circuito que los conecta (médula espinal).

Una de las cosas que pueden aumentar nuestra sensibilidad al dolor son el estrés y las emociones negativas. Esto ocurre especialmente cuando nos enfrentamos a estados de dolor más persistentes o recurrentes.
Una activación crónica de nuestro sistema de estrés, con la liberación asociada de ciertas hormonas como la adrenalina y el cortisol, pone nuestro sistema de alarma en «alerta máxima».
Lo mismo ocurre con las emociones con un significado negativo para la persona. Aumentan la sensibilidad de nuestro circuito del dolor y reducen la capacidad analgésica interna del organismo.
Esto puede dar lugar a un círculo vicioso: el dolor persistente o recurrente provoca estrés y altera nuestro bienestar emocional y esto, a su vez, nos hace más sensibles al dolor, etc.
Estrés y emociones negativas y el modelo Bio-Psico-Social
En el modelo Bio-Psico-Social de dolor y enfermedad, tenemos en cuenta que la experiencia de dolor de una persona está influenciada por tres tipos de factores:
- Bio: factores físicos y estructurales como músculos y articulaciones…
- Psico: estado de ánimo, estados emocionales, procesos cognitivos como recuerdos y pensamientos…
- Social: influencias de nuestros pares, cultura, religión…
Todos estos factores pueden tener un efecto modulador, dependiendo del contexto completo.
Recuerda que se trata de un tema muy complejo y que lo he explicado de forma muy simplista.
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¡Hasta pronto!
Referencias:
D’ACQUISTO: Affective immunology: where emotions and the immune response converge. In: Dialogues in Clinical Neuroscience Bd. 19 (2017)
HALLMAN & LYSKOV: Autonomic Regulation in Musculoskeletal Pain. In: Pain in Perspective (2012)
VACHON-PRESSEAU ET AL.: The Emotional Brain as a Predictor and Amplifier of Chronic Pain. In: Journal of Dental Research Bd. 95 (2016)
WIPPERT & WIEBKING: Stress and Alterations in the Pain Matrix: A Biopsychosocial Perspective on Back Pain and Its Prevention and Treatment. In: International Journal of Environmental Research and Public Health Bd. 15 (2018)